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Oficina Internacional de Prensa Sanfermín

El rejoneo pincha en hueso

Crónica de la Corrida. 07/07/2005.

Ganado: Seis toros de Murube, bien presentados, despuntados sin exageraciones, nobles y colaboradores, aunque, justos de motor, se acabaron antes que en años anteriores.

Luis Domecq:
saludos y silencio.
Pablo Hermoso de Mendoza:
saludos y oreja.
Sergio Galán:
saludos y dos orejas.
Presidencia:
a cargo de Jorge Ramón Sarasa, asesorado por Emilio de Hita y Jesús María de Andrés, cumplió correctamente su cometido hasta que en el que cerró plaza se le fue la mano con el segundo pañuelo.

Incidencias:
Lleno de «no hay billetes». Tarde soleada y agradable. Chenel recibió un puntazo, del que fue atendido en la misma plaza

El festejo de rejones volvió a ser ayer un éxito en cuanto a público asistente. La plaza presentó un inmejorable aspecto. Los tendidos fueron un mar, en blanco y rojo, de buen ambiente, sin las estridencias peñeras. La corrida de rejones se ha convertido en el festejo más solicitado del abono sanferminero. Si no es el más cotizado es porque el último día desembarcan en el ruedo los victorinos.

Y los tendidos fueron lo mejor de la tarde de ayer. Un público festivo, agradable, nada pasado ni trasnochado, que quería, deseaba, ansiaba, premiar el esfuerzo de los tres rejoneadores. Pero vieron frustradas sus intenciones, a medias, porque los tres jinetes dieron un verdadero recital, de antología, de cómo no se debe matar.

Hermoso de Mendoza descordó a los dos de su lote. En el quinto volvió a ser dueño y señor del toreo a caballo. Conquistó la plaza, que quería darle todo, ya no un rabo sino hasta la pata de ese «murube» colaborador. El de Estella se ha inventado, ha creado otro Cagancho , que lleva el nombre de Chenel . Con su templadísimo toreo de costado y ese cambio de sentido tajante, a modo de muletazo, demostró que nadie le supera en doma, doma materializada en una cuadra de verdadero lujo.

Pero tampoco se puede entender que el número uno mate tan mal. Antes, hace un par de temporadas, se preparaba más a la hora de matar. Ahora, va directo, lanzado, y los resultados le están privando de trofeos y de puertas grandes.

Triunfo menor

Lo mismo sucedió con el triunfador de la tarde. Por primera vez, Galán salió a hombros y su ídolo y maestro, a pie. Pero que tampoco se engañe. Estuvo bien, sí, pero, sobre todo, supo aprovecharse de la labor del estellés, que había despertado, calentado y puesto al rojo vivo unos tendidos que querían divertirse y premiarlo todo. La puerta grande del madrileño llegó desde el palco, que no supo aguantar la presión popular. Porque Galán tampoco mató bien a su lote. El vómito del sexto le delató. Y en el tercero tuvo que dejar dos golpes de descabello.

Ahora bien, si se compara el manejo del rejón de muerte de estos dos jinetes con el que hizo uso el apellidado Domecq, merecieron premio. El jerezano dio un verdadero recital, un mitin, pero con descaro, sin cortarse un pelo. Su estilo a caballo dijo muy poco, aunque dejó algún destello de buen hacer, sobre todo en su manera de recibir a sus dos toros y llevarlos encelados hasta pararlos. Mató decentemente al que abrió plaza pero lo que hizo frente al cuarto fue de juzgado de guardia, digno de sanción. Sin ningún rubor, carente de vergüenza de torera y tras medio rejón, dedicó a las veinte mil festivas almas siete pinchazos, entrando a matar de la misma manera que el fumador va al estanco a por tabaco. Rubricó su mal hacer con un infame bajonazo que pudo poner al descubierto el ya famoso puente medieval que esconde el ruedo pamplonés.

Tan malas maneras conllevaron una necesaria reflexión. Quizá ha llegado el momento de que Hermoso de Mendoza, el irrepetible Pablo se decida a abrir el festejo de la víspera sanferminera. Siempre va a tener a sus paisanos a favor y, de esta manera, les evitará tener que soportar el tedio de «domecqs», «bohórquez» y demás afincados andaluces. Por otro lado, abriendo plaza permitirá el debut en Pamplona de otros rejoneadores como Cartagena o Ventura, con los que el espectáculo está garantizado. Al fin y al cabo, y en el fondo, de eso se trata, de poco más.

 

 

 

 




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