Ganado: Seis toros de Santiago Domecq, desiguales de presentación, alguno chico, serios de cara, mansos, nobles pero muy escasos de fuerza, y vacíos de contenido. El sexto fue devuelto al corral por inválido y en su lugar salió un feo sobrero del mismo hierro.
Uceda Leal: silencio en ambos.
David Fandila «El Fandi»: silencio y vuelta tras leve petición.
Sebastian Castella: silencio y palmas tras aviso.
Presidencia: a cargo de Yolanda Barcina, asesorada por Lola Salvo y Antonio Purroy, cumplió con acierto su cometido.
Incidencias: Lleno. Tarde nublada. El palco fue recibido con pitos desde sol, que se vieron acallados por la ovación del resto de la plaza. Se guardó un minuto de silencio por los asesinados en el brutal atentado de Londres. Pésimo el comportamiento de algunos de la solanera, que no respetaron la señal de duelo..
¡Vaya pésimo comienzo el de la Feria del Toro! El encierro de Santiago Domecq completó una corrida indigna de un ciclo que debe hacer honor a tal nombre.
Los toros, desiguales, anduvieron muy justos de fuerzas y, por ello, la pelea en varas no existió, fue un mero espejismo.
Todos tuvieron nobleza e incluso alguno habría mostrado clase de haber tenido más energía, buen motor en sus entrañas.
En tales condiciones, la transmisión, la siempre deseada emoción fue imposible y el aburrimiento se adueñó de la plaza, pues, en general, no embistieron como toros bravos, porque no lo eran, sino como burritas tontas.
Pero, en el fondo, la reflexión es clara. ¿Por qué fue contratada esta ganadería? En su última aparición en el ruedo pamplonés, fracasó estrepitosamente por una escandalosa falta de fuerza que rozó la invalidez. Sin más garantías ni méritos, volvió a ser contratada este año. Y ese temor de nueva decepción, se convirtió en un hecho tan triste como real.
Voluntad de la terna
Por lo menos, los tres diestros quisieron agradar y estuvieron por encima de la birriosa materia prima. E incluso pudieron cortar algún trofeo de esos de escaso valor si llegan a acertar en la suerte suprema. Pero la realidad es que, en lo que llevamos de abono, no se había visto todavía una estocada como mandan los cánones. Los novilleros mataron mal. Los rejoneadores, también. Y los tres espadas de ayer tampoco hicieron honor, en este sentido, a su nombre.
Uceda Leal sigue sin suerte en la plaza de la capital navarra. Realizó una faena más que digna al que abrió plaza, con ciertas dosis de gusto, de elegante estilo, y el público no reaccionó, tal vez por eso de ser el primero. Su labor con el cuarto pasó más desapercibida porque el toro tampoco permitió el lucimiento.
El diestro granadino volvió a ser el atleta de siempre. Sobrado de facultades, «enfandiló» con los rehiletes -a la moviola, al violín...-, más ante su primero que con el quinto, un manso que le impidió mayores pretensiones. Con la muleta, estuvo como siempre, digno, intentando darlo todo. No se le puede pedir hondura, pero dio la cara y, muy cuco él, se fue en el quinto a los terrenos de sol y le faltó poco para vender su mercancía a cambio de una oreja, que habría conseguido de no haber fallado con el acero.
El francés Castella estuvo en plan pegapases ante el tercero. Se puso algo pesadito con la muleta. Y lo mismo le sucedió con el sobrero, ante el que comenzó bien, con tres estatuarios, un molinete y un pase del desprecio. Después, poco más, demasiado enganchón como para haber obtenido premio.