Ganado: seis toros de Miura, bien presentados aunque desiguales, serios, altos, en tipo, pero mansos, sosos, descastados, que, sin malas intenciones, dejaron estar en el último tercio. En definitiva, la corrida lo dejó todo en fachada.
José Pedro Prados «El Fundi»: silencio en ambos.
Juan José Padilla: oreja tras aviso y silencio.
Javier Valverde: silencio en ambos.
Presidencia: a cargo de Pedro Esparza, asesorado por Jesús María de Andrés y Jesús García Urbina, cumplió correctamente su cometido.
Incidencias: lleno. Tarde soleada. Los «graciosísimos» de sol volvieron a lanzar esas cintas que sólo provocan que los areneros tengan que trabajar a destajo.
La historia se volvió a repetir. Miura regresó al coso pamplonés y volvió a defraudar. Los seis toros fueron mansos y carecieron de casta. Es decir, su sosería impidió cualquier dosis de emoción. Y, a falta de transmisión, los tendidos tuvieron que aguantar el sopor entre bostezos, pues los días de fiesta también pesan.
Y quizá haya llegado el momento de escribir un paréntesis en la historia de Miura con la Vieja Iruña -historia repleta de triunfos y fracasos- y darle un descanso al mítico hierro.
Hierro en crisis
La verdad es que en la capital navarra se la ha consentido todo a la vacada de Zahariche. Llega siempre con lo puesto, con los seis toros de rigor, como sin tener en cuenta que un accidente en el encierro matinal o cualquier percance en el festejo vespertino deja su corrida incompleta. Este año las mayoría de las ganaderías han traído ocho toros, o siete en el peor de los casos. Sólo Victorino y Miura han alojado media docena en el Gas. Otra muestra de tal consentimiento es lo desigual de su corrida pamplonesa. Los pesos oscilaron ayer desde los 640 kilos del mayor hasta los 510 del que cerró plaza, el más chico. Por tanto, las exigencias de la empresa con el ganadero miureño deben ser mayores. Aunque, en el fondo, lo verdaderamente preocupante es el juego de estos toros. Hace unos años eran esperados porque su presencia garantizaba emoción. O embestían con casta o desarrollaban sentido, aprendían pronto, y derramaban peligro por el ruedo pamplonés.
Este tipo de «miuras» ha desaparecido por estos lares y los que saltaron ayer al ruedo se asemejaron más a mulos tontos, sin ningún contenido, sin chispa de bravura. Verdad es que a todo aficionado le agrada ver ejemplares miureños, por su trapío, por su belleza. Pero lo que pasa al final es lo mismo que ése que va a una tienda, mira el escaparate, paga y se van sin haber adquirido nada a cambio. La pena es que, si Miura deja de venir, la Feria del Toro puede quedar devaluada en lo referido a variedad de encastes. Y, en el fondo, para contratar más «domecq, pues...
De los toros de ayer, sólo uno convenció en varas. Fue el quinto, el más cargado de kilos de la tediosa tarde. Los 640 kilos de Escandoloso , que posiblemente fueron más, empujó con codicia, metió los riñones en la primera vara y lo mismo hizo en la segunda. Recargó con poder pero le dio tanto castigo el varilarguero de turno que llegó muerto, agonizando, acabado, a la muleta de un Padilla que ya se había ganado a la solanera en el toro anterior. Como en el caso de Miura, el idilio del diestro jerezano con Pamplona, con su solanera para ser más precisos, se mantiene año tras año. Frente a ese segundo, consiguió el trofeo que le hacía falta para reclamar su regreso a la Monumental el próximo año. ¿Cómo lo consiguió? Con esa puesta en escena que tan buenos resultados le sigue dando. Con las banderillas puso más voluntad que acierto. Muestra de ello es que el tercer par lo puso al violonchelo, por lo bajo que cayó. Con la muleta sucedió algo parecido. Como no es torero de arte y se encontró con un toro que repetía, los derechazos se sucedieron a velocidad crucero. Mejoró algo al natural. Pero luego llegó la pantomima en forma de rodillazos y desplantes, que distan mucho de lo que se entiende por torear. Pero volvió a conquistar los tendidos de las peñas -«illa, illa, illa...»- y regresará a la Feria del Toro 2005. Ése fue sin duda su mayor mérito de ayer.
El Fundi dejó la peor imagen amonterada de lo que va de feria. La materia prima no le acompañó pero tampoco él lo intentó con demasiada insistencia. Se mostró como un diestro veterano que está ya muy de vuelta y que no quiere complicarse más la vida.
Valverde pasó de puntillas. Quedó inédito frente al tercero y mostró deseos al natural ante al que cerró plaza, un torito que salió tocado de varas, como el público , de la plaza.