Ganado: seis toros de Fuente Ymbro, justos de presentación, muy desiguales, anovillados un par, algunos nada sobrados de fuerza, pero nobilísimos, con casta y muy toreables. Primero, segundo, cuarto y sexto fueron aplaudidos en el arrastre.
Eduardo Dávila Miura: vuelta tras petición y saludos tras aviso.
Julián López «El Juli»: oreja y silencio.
Miguel Ángel Perera: saludos desde el tercio y oreja con fuerte petición de la segunda.
Presidencia: a cargo de Ana Isabel Zuazu, asesorada por Andrés Arriaga y Jesús García Urbina, cumplió muy bien su cometido. Mantuvo un serio y acertado criterio a la hora de conceder los trofeos, pese a que el público le pitó con fuerza por no dar la segunda oreja del que cerró plaza.
Incidencias: lleno. Tarde soleada y calurosa. Perera hizo el paseíllo desmonterado. El subalterno Antonio Briceño banderilleó con torería al sexto. El hierro de Fuente Ymbro debutó en la Feria del Toro.
La Feria del Toro recobró la alegría ayer con la corrida debutante de Fuente Ymbro, un encierro toreabilísimo que mereció ser arrastrado sin muchas más orejas, porque lo toros, con casta algunos, derrocharon calidad en el ruedo pamplonés.
Cuatro de ellos fueron justamente aplaudidos en el arrastre pues no se cansaron de embestir, humillados, con recorrido, sobre todo primero, cuarto y sexto; Cazador, Mensajero y Malasombra, respectivamente. En general, cumplieron muy justos en varas pues, salvo los dos primeros, no anduvieron sobrados de fuerza y hubo uno, el quinto, al que le costó mantenerse en pie. Hasta aquí nada que objetar a una muy buena corrida. Pero sí hubo peros. Por un lado, no hay que olvidar que se trataba de un hierro debutante en una prestigiosa feria y, en este sentido, el ganadero no se esmeró como debía haberlo hecho.
La corrida fue muy desigual, con dos toros que no llegaron a los 500 kilos y otro, el más pesado, que rozó los 600. Asimismo, de cara, nada tuvieron que ver con otros encierros como Cebada o Aguirre. En este sentido, el mayoral de la ganadería, Alfonso Vázquez, fue sincero, lo que le honra. Dijo que se habían empeñado en contratar a su ganadería y que habían venido con lo que tenían. Por tanto, esta deficiente presentación le resta puntos al hierro a la hora de decidir los premios. A la Feria del Toro pamplonesa lo que siempre se le debe exigir, lo que siempre se le ha exigido es una impecable presentación y en este punto Fuente Ymbro no alcanzó la nota necesaria para un hierro debutante.
Respecto al palco, acertó plenamente y supo aguantar con torería el chaparrón que le cayó desde los tendidos por no conceder la segunda oreja de ese magnífico toro llamado Malasombra. En el ruedo nada tuvo que ver con su nombre y mostró casta y clase en sus incansables embestidas. Superó claramente al diestro de turno, a otro debutante, Perera, que tuvo toro para haber cortado el rabo y realmente no supo qué hacer con él. Algo embarullado, como sin recursos, toreó por aquí y por allá, con el rumbo perdido. Quiso mostrar un toreo estético y tenía que haber estado en torero. ¡Ya podía haber pillado este toro El Cid! Malasombra galopó con alegría, humillado y con largo recorrido. Pedía series largas, limpias y templadas. Pero Perera se dejó tocar el engaño en demasía, sobre todo en esos naturales sosos, alejados de la madurez. Algo parecido le ocurrió frente a su primero, que, sin tanta calidad y más tardo, también se dejó hacer y pudo perder alguna oreja, debió perderla.
Más preocupante fue lo de Dávila Miura, y más si se tiene en cuenta que atesora una veteranía de la que carece Perera. El que abrió plaza, Cazador , fue cazado en varas y, pese a ello, llegó a la muleta con fuerza y clase. Lo toreó en cuatro series de derechazo de más a menos. No puso empeño en ponerse de verdad al natural. Y el resultado es que estuvo por debajo de un magnífico toro. El público pidió la oreja. La mayoría, de pañuelos, no se alcanzó, y el palco se apuntó su primer acierto.
Lo mismo le ocurrió frente al cuarto, a Mensajero , que sólo tuvo el defecto de doblar un para de veces las manos. Como las anteriores reclamaba la muleta para embestir humillado, para ofrecer un triunfo sonado que nunca llegó.
Sólo El Juli mostró sobriedad, inteligencia, variedad y brillantez frente al segundo, Histérico, que de eso no tuvo nada. Se lució con la capa en chicuelinas, caleserinas y gaoneras. Con la muleta mostró madurez. Pero el quinto le impidió un triunfo mayor.