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Oficina Internacional de Prensa Sanfermín

Victorino pegó un petardo histórico

Crónica de la Corrida. 14/07/2005.

 

Ganado: seis toros de Victorino Martín, correctos de presentación solamente, justos de fuerza, mansos y con sentido, salvo segundo y quinto, que, con nobleza, tragaron en la muleta. En conjunto, una mala corrida de toros. Primero, cuarto y sexto fueron pitados en el arrastre, sobre todo estos dos últimos.

Pepín Liria:
silencio y silencio tras aviso.
Luis Miguel Encabo:
saludos desde el tercio en ambos.
Manuel Jesús «El Cid»:
silencio en ambos.
Presidencia:
a cargo de María Teresa Moreno Purroy, asesorada por Miguel Ángel Martínez y Antonio Purroy, cumplió correctamente su cometido y pasó desapercibida.

Incidencias:
lleno «enlatado», hasta la bandera. Tarde soleada, de calor agobiante. El hierro de Victorino Martín debutó en la Feria del Toro.

 

 


La corrida que echó ayer Victorino Martín en Pamplona para debutar en la Feria del Toro decepcionó, como la mayoría del ciclo, y hasta llegó a enfadar a un buen número de aficionados. La vieja plaza pamplonesa se llenó -o la llenaron- como nunca porque todo el mundo quería ser testigo de tan esperado debut. Y ya se sabe, tarde de expectación, tarde de decepción. Las más de veinte mil almas se despidieron hasta el año próximo con caras largas, incluso tristes. «¿Nos ha engañado Victorino?», se preguntaban algunos intentando no cabrearse con ellos mismos, con el ganadero, con la empresa, con cualquier motivo o excusa. La verdad es que, al igual que Fuente Ymbro, no hubo esmero en la presentación de la corrida, y más para una cita tan importante, para un estreno tan esperado.


Futuro incierto


Respecto al juego de los toros, sólo se puede afirmar que fue un auténtico petardo, primero y último. Primero por el debut y último por cerrar feria y abono. Los seis «victorinos» ni cumplieron en varas ni sirvieron para el toreo. Anduvieron justos de fuerzas y no llegaron ni a ser esos malos, esas alimañas que han dado fama a la vacada. Mansearon frente a los del castoreño y ante las muletas de la terna. Desarrollaron cierto sentido en el último tercio pero tampoco ese peligro que mantiene en vilo al equipo médico de la plaza. Finalizada la corrida, la pregunta en los alrededores de la plaza era casi obligada: ¿volverán los «victorinos» el año próximo? Difícil respuesta. Quién sabe. Por los méritos acumulados en el ruedo, por ese suspenso ganado a pulso, no deberían volver. Ahora bien, por variedad de encastes en la feria y por tratarse de la mejor ganadería de la actualidad, sí debería ser contratado de nuevo este hierro. Eso sí, si el veterano ganadero mantiene sus exigencias, en cuanto a honorarios y a colar a uno de sus diestros en los carteles, posiblemente ayer dijo adiós a Pamplona.


En el caso opuesto, el llamado «paleto de Galapagar», que se las sabe todas, deberá bajarse del carro, del burro, y aceptar las condiciones que le ofrezca la empresa, que seguro que seguirán siendo buenas, jugosas, atractivas. Sólo segundo y quinto se dejaron hacer en la muleta. Pero que nadie piense en derroche de casta; sólo en nobleza. Ante ellos, Encabo puso todo lo necesario para agradar. Primero, con los rehiletes, sobre todo con un tercer par de poder a poder asomándose al balcón y luego, ante su segundo, con otro muy arriesgado por los adentros. Después, con la muleta, en series limpias por ambos pitones. Con la diestra, ligó e incluso bajó la mano en un par de muletazos. Al natural, no se dejó tocar el engaño y alargó la embestida. El madrileño fue la gota de agua en el desierto. Pero, como sus compañeros, pinchó en hueso a la hora de matar, y tal defecto le obligó a irse de vacío.


Otra decepción


Liria comenzó con arrojos el trasteo ante el que abrió plaza. Se fue acercando de rodillas al cuatreño hasta una distancia que hizo presagiar susto inminente, un achuchón que no llegó pese a que el toro se revolvió con presteza. El murciano se peleó dignamente con él y lo mismo hizo con el similar cuarto. Y como con el estoque no anduvo acertado, recibió el silencio del público en sus dos intervenciones.


Lo mismo le sucedió al tan esperado Manuel Jesús, que dejó con cara de tontos a los pamploneses y foráneos que le vieron torear. Dejó destellos con la diestra y al natural, pero su lote también mereció pira pública.


Victorino Martín Andrés debutó con mal pie en una Feria del Toro para el olvido.


Y, colorín colorado, este fracaso por fin se ha terminado. ¡Qué lástima!

 

 

 

 




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