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Oficina Internacional de Prensa Sanfermín

Chenel homenajea a Cagancho

Crónica de la Corrida. 06/07/2006.

Ganado: Seis toros de Murube, bien presentados, despuntados sin exageraciones, mansos declarados de salida pero colaboradores en general. Más parados tercero y sexto. Rajado descarado el cuarto.

Antonio Ribeiro Telles:
silencio en ambos.
Pablo Hermoso de Mendoza:
dos orejas y dos orejas y rabo.
Sergio Galán:
palmas y dos orejas.

Presidencia:
a cargo de Jorge Ramón Sarasa, asesorado por Javier Eguíluz y Emilio de Hita, se mostró radicalmente condescendiente en la concesión de trofeos. Por tanto, mal para los aficionados y estupenda para el público festivo.

Incidencias:
lleno hasta la bandera. Tarde agradable, de nubes y claros. El caballero portugués hizo el paseíllo desmonterado. El primer toro le propinó al auxiliador Joaquim Concepçao una cornada en el brazo derecho con dos trayectorias, de pronóstico grave.

Tarde festiva de gran entretenimiento en la que el aficionado quedó algo cariacontecido por la falta de rigor que tuvo el palco a la hora de conceder los trofeos. Sin embargo, para ese público festivo que no se quiso perder el festejo, la corrida de rejones resultó redonda, muy entretenida, casi embriagadora; vamos, como para repetir y volver a pagar en la reventa, si hace falta, el doble del precio legalmente establecido para un boleto.

Realmente, el guión taurino soñado se cumplió a la perfección. La mayoría de las veinte mil almas que se dieron cita ayer en la Monumental de Pamplona ocuparon su localidad con la esperanza de ver un triunfo del caballero navarro, del rejoneador estellés, del mejor torero a caballo de la historia. Asimismo, escondían cierto deseo de condescendencia hacia Galán. El madrileño cae bien por estos lares y a nadie le iba a saber mal que alcanzase su cuarta puerta grande en las cuatro tardes que ha firmado en Pamplona. Y ese mismo respetable sentía curiosidad por ver a un cavaleiro lusitano, luciendo su llamativo atuendo a la federica.

Todo esto se cumplió y nadie salió defraudado; al contrario, la mayoría se sintieron orgullosos de haber acertado, de optar por la plaza en la disyuntiva toros o siesta.

 

 

 

 


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