Ganado: seis toros de Herederos de Cebada Gago, bien presentados, serios de cara, con astifinas defensas, no sobrados de fuerzas y de juego muy dispar; nobles algunos, broncos otros, peligroso el cuarto y muy bueno el tercero, que fue ovacionado en el arrastre.
López Chaves: saludos desde el tercio y silencio.
Francisco Marco: oreja y vuelta tras petición.
Fernando Cruz: oreja y vuelta por su cuenta.
Presidencia: a cargo de Juan José Unzué, asesorada por Javier Eguíluz y Jesús García Urbina, cumplió bien su cometido aunque se mostró muy estricta al no conceder una oreja del quinto, razón por la que fue pitada por el público.
Incidencias: lleno. Tarde soleada y muy calurosa. Cruz hizo el paseíllo desmonterado. López Chaves sufrió un puntazo en el pómulo derecho, donde recibió cinco puntos de sutura en la enfermería.
La Feria del Toro mantuvo ayer su tono interesante con una corrida de Cebada Gago de muy desigual comportamiento en el último tercio.
No fue una corrida brava. Hubo que cuidarla frente a los montados y no hubo grandes peleas. En el último tercio, hubo toros para todos los gustos y disgutos, algunos con contadas gotitas de picante que dieron emoción a lo que sucedía en el ruedo. El primero fue un noble soso que se fue apagando. El segundo, tuvo nobleza pero fue listo y hubo que hacerle las cosas muy bien y con los cinco sentidos. El tercero fue un muy buen toro, encastado, con humillado recorrido, aunque le faltó un punto de fuerza para ser sensacional. El cuarto pasó de bronco a peligroso. El quinto tuvo nobleza pero embistió muy rebrincado y acabó rajándose descaradamente. Y el sexto tragó por el pitón derecho pero careció de clase. En definitiva, con tal corrida, Cebada Gago sólo salvó la papeleta.
Polémica decisión
El festejo transcurrió con tranquilidad, entre continuas de gotas de sudor y abanicos, hasta que dobló el rajado quinto.
Marco lo mató de una estocada después de un derroche de voluntad y un alarde de hambre de triunfo. Los pañuelos se agitaron, la petición fue in crescendo, pero el palco no cedió y le cerró así al diestro toda posibilidad de salir a hombros, por la puerta grande en su tierra, triunfo que se había merecido porque lo había dado todo en el ruedo.
¿Fue la petición mayoritaria? Difícil respuesta. Pero aunque hubiese sido minoritaria, el palco tenía que haber cedido a la voluntad popular, que no era otra que ver a un diestro navarro abandonando la plaza a hombros. Y más si se tiene en cuenta que el día 7 otro diestro, salmantino para más señas, paseó un trofeo con una petición claramente menor que la de ayer.
En fin... lo importante es que ayer se vio a un Marco torero, no sólo navarro, a un diestro que debe estar en las grandes ferias. Lo dio todo en el ruedo y mató a sus dos toros con sendas estocadas cobradas con un perfecto equilibrio entre la cabeza y el corazón.
Y eso que no tuvo un lote nada sencillo. Su primero se revolvía nada más terminar el muletazo, lo que imposibilitaba estar colocado para ejecutar el siguiente. Por ello, tuvo que perder pasos en esos naturales de fino estilo, alargados hasta el máximo. Los derechazos también lucieron buen corte y dieron paso a una alegre tanda de molinetes de rodillas que caló en los tendidos.
El quinto presumió de nobleza con aires rebrincados que complicaron el hambre de puerta grande del estellés. Utilizó la fórmula de la total entrega dentro de los cánones, sin ceder a la vulgaridad. Pero, finalmente, el palco, no quedó completamente convencido de la clase de un torero que también había brillado con la capa, vía arriesgadas largas cambiadas, sentidas verónicas y apretadas chicuelinas.
Cruz tuvo suerte en el sorteo pues debutar en Pamplona y vérselas con la calidad de Liado es para dar gracias a Dios. Pero lo supo lidiar con torería, en una faena en la que cegaron tres naturales dignos de repetición, de cámara lenta, dibujados a esa velocidad y a muy baja altura, barriendo con suavidad la arena pamplonesa. Oreja justa y vuelta al ruedo inventada en peor gesto.
Chaves puso voluntad pero desafinó con el estoque.