Isaac Ferrera, fotógrafo valenciano de 34 años pero “de los que no lleva la cámara cuando corre”, nos cuenta su historia de amor con los toros recorriendo España para ponerse delante de ellos. Del 5 al 15 de julio el calendario está marcado, Isaac se reserva para vivir a tope en Pamplona lo que más le gusta en esta vida, el encierro. No falta a la cita sanferminera desde el año 1995. Si le preguntan si piensa en la retirada, Isaac no lo duda, “hasta que las piernas digan basta, o mejor dicho, hasta que me metan en la caja de pino”. Y ante la pregunta de si algo o alguien puede convencerle para dejarlo, sonríe contestando que “lo que a mí me dan los toros no me lo da nadie. Mi abuelo, mi novia…si me dicen los toros o yo, lo tengo claro, del 5 al 15 estoy en Pamplona”.
Escuchar a Isaac es descubrir un mundo de sentimientos y emociones, estrategias y conocimiento del toro en esa circunstancia pavorosa del encierro para cualquiera pero que él vive, interpreta, disfruta y conoce como quien habla del amor de su vida. Ha corrido en todos los tramos, “al principio en Telefónica hasta que tuve un susto con un extranjero parado con los brazos abiertos cuando corría delante de toros de Dolores Aguirre. Imagina el choque, fue frontal”. Así que decidió correr en Santo Domingo. Después probó en Mercaderes con un chico de Burgos que siempre ha corrido allí… y hasta ahora.
Amistad sin palabras
Dice que pasa mucho miedo hasta que ve los toros. “Entonces ya sé dónde están ellos y ya sé dónde estoy yo… Y ya está, a correr”. Explica que cuando ve los toros, le entra una “relajación total”. Además los corredores “cantan y dicen, ¡buey, buey, toro, toro!, el primero que lo ve es el que avisa…Hay que mirar más hacia atrás que hacia adelante, tienes que tener controlado al de negro, los de blanco ya sabes que están…”. Isaac comenta que uno de los mejores momentos es comprobar que todos los compañeros están bien. Precisamente, esa amistad que se forja en las calles de Pamplona momentos antes del encierro y durante la carrera convierte la experiencia en algo único y difícil de expresar con palabras: “Tengo muchos amigos aquí, desde que sale el toro hasta que lo guardan, el que está a mi lado es mi mejor amigo, te puede salvar la vida en un momento dado, nunca sabes quién va a necesitar de quién”. Según Isaac, uno de los mejores momentos es comprobar que todos los compañeros están bien, a pesar del miedo que se pasa en los momentos previos.
Pasión sin escarmiento
Lo más lógico después de tantos años corriendo es haber vivido algún momento trágico o de peligro extremo pero Isaac Ferrera afronta este hecho con la resignación del alpinista que escala y pisa cumbres sin la certeza de volver: “Es algo que sabes que está allí, igual que un alpinista sabe que puede subir una montaña pero no bajarla. ¿Que no quieres que pase? ¡Por supuesto!...Pero es una posibilidad”. Recuerda que hace tres años se le llevó un buey por delante en la curva de Mercaderes y se quedó boca arriba y vio pasar la tripa de todos los toros: “Se pasa miedo pero sólo piensas, que no me pisen, que no me pisen…”.
Solidaridad al límite
Toda esta pasión y experiencia se concentran en apenas 3 minutos que dura cada carrera y en esa brevedad se desarrolla todo un estilo de vida. Es un mundo solidario entre corredores que quizá resulta invisible para el espectador: “el que de verdad es aficionado al encierro, para él esto es mucho más, hay que respetar al que va en la cara, no se puede obligar a que se quite, ha ganado la carrera y la ha ganado, no se puede presionar para que se retire y llevarte el toro, eso no es respetar”. Y lo más importante, el gesto que realmente convierte el encierro en un acto de hermandad, lo explica Isaac con la convicción del que forma parte de una gran familia: “Tan importante es el que corre en primera fila como en la última, eso no se debe alterar, se debe guardar la masa para que el toro no elija a nadie como presa. Hoy por ejemplo el toro colorado se ha vencido contra un corredor porque faltaba esa masa”.
Amor para toda una vida
Está claro que Isaac no dejará de acudir a su cita sanferminera para continuar viviendo intensamente la fiesta. El encierro son 3 minutos, los Sanfermines se viven las 24 horas y a través del encierro Isaac vive a su manera, un estilo de vida “a muerte” que no cambia por nada… Un corredor como Isaac experimenta un mundo de sensaciones en esos tres minutos que marcan su manera de vivir y así recorre España, de Pamplona a Jaén pasando por Ciudad Rodrigo o Salamanca… siempre en busca de ese encuentro con el toro en la carrera. Y para terminar, un secreto inconfesable porque está claro que Isaac no quiere impresionar a nadie: existen imágenes del programa “Impacto Total” donde Isaac es vapuleado a placer por un toro durante 30 segundos. La secuencia aterra, uno siente dolor por todo el cuerpo al ver cómo el toro arremete contra él y lo sacude pero Isaac sonríe recordándolo: “Salí bien de aquello, un largo tiempo de rehabilitación y ya está”. Y completa su declaración de amor con una frase que realmente demuestra que se trata de un gran amor que todo lo perdona: “ Solo fue un intercambio de impresiones”. Definitivamente, Isaac vive su pasión.
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