"Pamplona posee un extenso patrimonio artístico, bien conservado y estudiado.
Además, como capital de un antiguo y pequeño reino, ha atraído algunos diseños y piezas de primera fila internacional; su valor es excepcional; pues saqueos y destrucciones han acabado con otras obras equiparables en sus lugares de origen; y las de Pamplona se encuentran entre las más representativas.
Una visita breve permite entrar en contacto con estas obras excepcionales."
Pamplona posee un interesante patrimonio artístico. Pero de su pasado histórico, de incalculable valor, hay seis piezas de arte imprescindibles en una visita urgente a la ciudad.
En cuatro horas se pueden contemplar estas piezas excepcionales:
· La Arqueta de marfil de Leyre (Museo de Navarra)
· El Capitel de Job (Museo de Navarra)
· El Relicario del Santo Sepulcro (Museo de la Catedral de Pamplona)
· El Claustro de la Catedral de Pamplona (primer tramo)
· La Fachada de la Catedral de Pamplona y Ciudadela de Pamplona.
D. Joaquín Lorda Iñarra, Profesor de Historia de la Arquitectura de la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra, ha seleccionado estas “Seis piezas de Arte” fundamentales de Pamplona, explica los orígenes de cada una de ellas y analiza el porqué de su importancia.
"Cuando fueron producidas, estas piezas de lujo se estimaban más que la pintura o escultura en grandes dimensiones. Eran las más reconocidas obras de arte. Y fueron pensadas para personas de condición, que las apreciarían de cerca. Por eso, han de contemplarse con detenimiento, en grupos reducidos".
"Las tres resumen muy bien las tradiciones figurativas (la representación de escenas) como las ornamentales, con imágenes y motivos perfectamente conjuntados".
"Pamplona contiene dos obras de arquitectura, que ejemplifican las dos grandes tradiciones europeas: arquitectura gótica y arquitectura clásica. Las dos son de máxima calidad. Han de percibirse caminando por ellas, para captar la generosidad de sus proporciones".
"Para asegurar la lealtad del reino de Navarra y la defensa de la frontera francesa, Felipe II decidió alojar una guarnición permanente a resguardo. Sus ingenieros italianos aportaron varias ideas, y finalmente se desplazó a Pamplona
al que parecía mejor de todos ellos: Giacomo Palearo, apodado El Fratín".