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Oficina Internacional de Prensa Sanfermín

La corrida de Bañuelos fue una decepción

viernes, 13 de julio de 2007
La corrida de la ganadería de Antonio Bañuelos resultó lamentable y decepcionante en su debut en la Feria del Toro de San Fermín. Tres toros de lo seis que saltaron al ruedo no pudieron lidiarse. Una tarde para olvidar también para los tres diestros.

Fue, simplemente, una tarde para olvidar, sumergida en cantidades industriales de mala fortuna. Al ganadero Antonio Bañuelos le miró un tuerto en Pamplona. Como hierro debutante y en señal de esmero, el criador burgalés trajo ocho toros a la capital de Navarra.

En los corrales del Gas se pelearon; uno de ellos acabó muriendo y otro se rompió un pitón. Quedaban seis, el sexteto que debutó en el encierro matinal y protagonizó una carrera tan limpia como rápida.

El primero de ellos, ya por la tarde, saltó al ruedo y mostró una preocupante falta de fuerza. El Juli aprovechó la nobleza de Escondido para torearlo fácil y cómodo por ambos pitones, en una faena que no trascendió por la poca importancia del toro. Con más fuerza, Escondido habría enseñado su calidad.

Salió el segundo, Fresador, y, tras la suerte de varas comenzó a cojear de su pata izquierda, por lo que fue devuelto al corral y sustituido por un sobrero de Peralta, que no humilló demasiado. El Cid lo toreó aseado por ambos lados en un trasteo de escasa relevancia y lo mató francamente mal. Silencio de un público que comenzaba a enfadarse.

El tercero del hierro titular, Normando, pisó el ruedo pamplonés, dio una salto como encogiéndose y, a partir de ahí, se movió como descordinado. Quizá, antes de salir, al clavarle la divisa, el hierro le tocó la médula y rompió al cuatreño burgalés. De hecho, y curiosamente, los otros tres salieron al ruedo sin divisa. Pero esto es sólo un suponer. Lo cierto es que Normando tuvo que ser retirado al corral.

Como segundo sobrero y tercero bis, se lidió otro toro de Peralta, que hizo cosas feas de manso pero que en la muleta resultó manejable. Castella lo toreó al natural con más voluntad que lucimiento. Mejores fueron dos tandas ligadas de redondos que le dieron a la faena cierta dimensión. Pero el francés también mató rematadamente mal.

El cuarto de Bañuelos fue Joyoso, otro toro noble y blando que embistió al pasito por el pitón izquierdo. Como no logró con sus naturales sacar de la merienda al público, El Juli intentó camelar a la solanera pero no lo consiguió porque el toro se rajó y por el deficiente manejo del estoque.

El quinto, Cosido, tuvo algo más de energías pero resultó complicado. A El Cid se le vio ante él desconfiado desde el inicio de faena. El toro se defendió por el izquierdo echando la cara arriba y se vencía por el derecho, tanto que al final llegó una espeluznante voltereta, que, afortunadamente, no pasó de leve. Manuel Jesús lo mató aliviándose y pasó a la enfermería.

Parecía que la tarde transcurría ya con cierta normalidad, dentro del desencanto generalizado. Pero no. Le tocó el turno al sexto de Bañuelos, a Bretón, otro negro ejemplar que manseó en varas. Castella salió dispuesto a realizar una faena de la suyas, con sello propio. Se fue al centro del anillo y, desde allí, llamó al negro ejemplar. Bretón galopó con fijeza y permitió la ejecución de un cambiado por detrás.

Y sucedió lo inesperado. A la salida de la suerte, Bretón se lesionó una mano. Parecía increíble pero fue cierto. Para mayor cabreo, Castella optó por el bajonazo infame. La bronca ya era de órdago. El mal fario se cebó en Bañuelos, justo el día de su debut. Mejor no pensar en manos negras.

Más inbformación en la página www.burladero.es, con la crónica de Koldo Larrea. 

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