Toros de Dolores Aguirre, bien presentados aunque con desigualdades entre ellos. Corrida con mucha romana pero sin exageraciones de volumen. La mayoría mansearon y los hubo, incluso, que blandearon, pero salvo el complicado segundo y el distraido cuarto, el resto ofreció posibilidades de lucimiento.
Uceda Leal: media y descabello (ovación); y estocada, pinchazo y nueva estocada (silencio).
Iván Vicente: Pinchazo y estocada (silencio tras un aviso); y media desprendida y atravesada que escupe (ovación tras un aviso).
Serafín Marín: Estocada y dos descabellos (silencio tras un aviso); y pinchazo, estocada y tres descabellos (silencio tras un aviso).
Dos evidencias al término del festejo. La primera es que para asegurarse de la presencia del toro después de Madrid a primeros de junio y antes de llegar a Bilbao, hay que pasar inevitablemente por Pamplona. la otra conclusión es la eterna cantinela de "la mala suerte" del torero modesto. Las quejas del catalán Serafín Marín no siempre están justificadas, sin ir más lejos, ayer en Pamplona.
La primera faena de Uceda Leal, precisamente al toro que abría plaza y feria, en otras circunstancias, con el público "más metido" en la corrida, le hubieran premiado con una oreja. Fue sin duda la faena de la tarde. Muy bien planteada desde el punto de vista técnico y resuelta desde el punto de vista artístico con mucha suficiencia. No hay que desdeñar tampoco el componente de valor, ya que el toro no tuvo una embestida dócil y clara hasta que el torero le desegañó poniéndose en el sitio.