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Oficina Internacional de Prensa Sanfermín

Tres obras de arte decorativas

"Cuando fueron producidas, estas piezas de lujo se estimaban más que la pintura o escultura en grandes dimensiones. Eran las más reconocidas obras de arte. Y fueron pensadas para personas de condición, que las apreciarían de cerca. Por eso, han de contemplarse con detenimiento, en grupos reducidos".

 

"Las tres resumen muy bien las tradiciones figurativas (la representación de escenas) como las ornamentales, con imágenes y motivos perfectamente conjuntados".

 

· Arqueta de marfil de Leyre (Museo de Navarra)

 

"1004-1005. Ejecutada y firmada por Faray y cuatro discípulos. Es la mejor obra de arte que sobrevive del Califato de Córdoba, una civilización que se representa principalmente por monumentos arquitectónicos como la Mezquita de Córdoba y Medina Azahara. Y es la obra de arte más valiosa que se conserva en Navarra".


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Cedida por Gobierno de Navarra. Dpto. de Comunicación
"Fue encargada por Abd al-Malik, hijo y sucesor de Almanzor, en el momento de mayor poderío, apenas antes de la crisis del Califato".


"Guardaría algo especialmente precioso o santo por sí mismo. Y el envoltorio debería protegerlo y declararlo".

 

 

 

"La arqueta está concebida para ser mostrada y tocada y admirada en raras ocasiones. El material es precioso: marfil; y la labra es un alarde. Pero se esperaba que el arte superara a la materia: más que el precio y el virtuosismo, el valor debía consistir en su elegancia".


"Se concibe como un volumen compacto, coronado por una inscripción dedicatoria. En él se dibuja una trama con dos cintas continuas (que albergan a su vez otras dos cintas diminutas), que es un recuerdo elaborado de la ornamentación clásica. Con ellas se crea el borde y unos amplios medallones lobulados; en sus centros se inscriben preciosas escenas con pocos personajes, cuyo blando modelado y los ritmos acompasados de sus paños hablan de una vida feliz y sosegada. Los intersticios se colman de atauriques, hojitas estilizadas de suave movimiento, salpicados de diversas sorpresas, que marcan al menos tres niveles de profundidad, con suaves transiciones".

 

 

· Capitel de Job (Museo de Navarra)


"c. 1140. Pertenecieron al Claustro románico de la Catedral de Pamplona.

Del viejo claustro quedan varios capiteles. Dos de ellos con representaciones evangélicas, y otro más (el mejor) con la historia del Patriarca Job. Al verlos juntos es fácil captar las virtualidades de la puesta en escena, muy imaginativa; y de su sentido decorativo; además de la calidad de su labra, que pretendía acercarse, con alisados, rayados, punteados, al acabado en marfil".


"El friso superior recoge un motivo clásico, pero lo encadena con ritmos circulares, forzando su sentido ornamental. Las figuras aprovechan las posibilidades del relieve, y llenan equilibradamente el difícil formato, sin recurrir a rellenos".


"Como en un comic, la representación sucede una tira continua que envuelve el capitel. Se usan recursos expresivos del lenguaje corporal y gestual (manos que señalan) propios de la miniatura de la antigüedad clásica (originalmente estuvieron pintados). El diablo pide permiso a Dios para tentar a Job, y le despoja sucesivamente de su familia y bienes. La proverbial paciencia de Job (que acaba desnudo y con pústulas) triunfa; y Dios lo ampara".

 

 

· Relicario del Santo Sepulcro (Museo de la Catedral de Pamplona)


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Cedida por J. Lorda

 

"C. 1250. Talleres reales parisinos. Se trata de un relicario y está ejecutado por los mejores talleres de Europa. Consiste en un aéreo templete que resguarda la escena llamada “del sepulcro vacío”.

 

"A diferencia de las piezas anteriores, en ese pequeño ámbito, las figuras se mueven ostentosa y teatralmente. Las tres mujeres que seguían a Jesús se aproximan al sepulcro (el estuche de la reliquia), y encuentran a un ángel que les indica (con el índice) que Jesús ha resucitado: las mujeres hacen sofisticados aspavientos de sorpresa (con refinamiento cortesano)".

 

"Ante el sepulcro dormitan descuidadamente los guardianes, aguerridamente armados según la época (notable, el casco), aburridos de beber y jugar".

 

"Con una perfección que solo alcanzan las obras de orfebrería se esparcen sobre un mantel una jarra y vaso, cubilete y dados".

 

 

"La arquitectura es exquisita: una tracería con grandes y finos lóbulos, según se estaban imponiendo (y se ven después a gran escala en el claustro). Pero también con elaborados remates, con una espigada linterna, siluetas rizadas de hojitas y florones, y texturas en tejados, solo posibles en una arquitectura ideal".

 

 

Nota: El autor del texto es el profesor D. Joaquín Lorda Iñarra.

 

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